Laguna San Rafael*

Imponente. Majestuosa. Así es la Laguna San Rafael, un magnífico escenario natural en la patagonia ,que ofrece uno de los paisajes más hermosos de Chile y del mundo. Una experiencia singular es la travesía por los fiordos australes a bordo del Catamarán Patagonia Express, al encuentro de la Laguna San Rafael y el Ventisquero San Rafael. La travesía comienza muy temprano por la mañana, cuando en el embarcadero del lodge se aborda el Patagonia Express, para navegar durante aproximadamente 7 horas por aguas transparentes, entre canales patagónicos e islas de diferentes tamaños. Los sentidos disfrutan de un espectáculo excepcional, mientras el paisaje se extiende con la

majestuosa cordillera de los Andes cubierta por frondosos bosques, por cascadas de agua, por el juego de haces de luz que se entrelazan con las nubes y en ocasiones hasta es posible sorprenderse con los lúdicos encuentros de toninas y delfines. Luego, a bordo de botes zodiac se disfruta la increíble experiencia de navegar acercándose a los témpanos de hielo que flotan en libertad…y beber un whisky con hielos milenarios recién extraídos de la Laguna San Rafael.

Esta lengua de hielo que se descuelga hacia el mar forma parte de las 1.742.000 hectáreas que conforman el Parque NAcional Laguna San Rafael y en 1979 fue declarado Reserva Mundial de la Biosfera por la UNESCO. Está ubicada 600 Km. al sur de Puerto Montt, en el extremo sur del canal Moraleda, a los pies del Campo de Hielo Norte y en ella desemboca el gigantesco Glaciar San Rafael, cuyos hielos tienen más de 300 mil años y se originan en el Monte San Valentín, de 4.058 m.s.n.m., en el Campo de Hielo Sur, de la Cordillera de Los Andes.

Laguna San Rafael, fue descubierta en 1575 por Bartolomé Díaz Gallardo al explorar el Golfo de Penas. A la laguna se le dio el nombre de San Rafael porque el día en el cual llegó allí Díaz Gallardo era el que, según el calendario, estaba dedicado al santo. En la actualidad mide aproximadamente 16 Km. de largo por 11 de ancho, fue descrita por primera vez hace sólo 300 años, por el navegante español Antonio de Vea. En ese entonces el glaciar no alcanzaba a llegar a orillas de la laguna San Rafael. Era necesario desembarcar y caminar por el valle para tocar el frente de hielo. Posteriormente, en 1873, el comandante Enrique Simpson constató que la masa glaciar ocupaba casi tres cuartas partes de la Laguna San Rafaell. En apenas 200 años, el frente del glaciar había avanzado más de 10 kilómetros. No obstante, pronto éste inició una veloz retirada y en 1950 la masa de hielo apenas penetraba un par de kilómetros en la Laguna San Rafael. Retrocediendo a una velocidad de 150 a 200 metros anuales, en 1982 el frente del glaciar ya había comenzado a replegarse hacia el valle y en 1985 la pared de hielo estaba casi medio kilómetro más atrás, enmarcándose este proceso dentro de la disolución general de las masas de hielo que se observa en el hemisferio sur. Es probable que en pocos años más la masa de hielo se haya retirado por completo de la Laguna San Rafael, con lo cual el paisaje de la zona cambiaría radicalmente.

La Laguna San Rafael está rodeada por un perímetro boscoso de gran vegetación, de notros, ciruelillos, canelos, mañíos, tepas, ciprés de la guaitecas y coigües (Común, de Chiloé y de Magallanes). Incluso, son muchas las plantas que crecen sobre la masa orgánica en descomposición. En la rica flora es posible observar coicopihues, chilcos, chaurra, nalcas, musgos y una especie de verónica que tiene la particularidad de crecer sólo aquí y en Nueva Zelanda.

La avifauna es variada, pudiéndose observar el pato anteojillo, caranca, ganso silvestre, tordos, remolineras, martín pescador, caranchos y cisnes de cuello negro. Entre los mamíferos destacan pudú, güiña, chungungo, zorro culpeo y huemul. Existe además una hermosa fauna submarina, que destaca por su variedad y colorido, entre las que cabe mencionar estrellas, moluscos y una rara especie de coral.

En la Laguna San Rafael se mezclan las aguas del mar con las provenientes de deshielos y de lluvia. No son particularmente ricas en nutrientes orgánicos, lo que se refleja en su relativa escasez de peces. Uno de los más comunes es el róbalo, que resiste las bajísimas temperaturas de la Laguna San Rafael.

A sólo 10 kilómetros al sur de ésta, pero en un lugar prácticamente inaccesible por tierra, se ubica el Glaciar de San Quintín, uno de los glaciares más desconocidos e inexplorados. Recorre más de 50 kilómetros y muere en el Golfo de Penas, y muestra cómo debe haber sido San Rafael en su máximo apogeo. Mientras éste se bate en franca retirada, San Quintín no parece avanzar ni retroceder. Un tercer glaciar, el Gualas, desciende de la misma fuente. También llegaba al mar, formando una gran laguna cuyos márgenes fueron borrados por la fuerza oceánica. Hoy sólo quedan algunos vestigios de su existencia.

La laguna San Rafael está ubicada frente a una importante falla geológica, en una zona donde la corteza terrestre sufre constantes cambios, especialmente de choque y desplazamiento. Al parecer, en esta región habrían ocurrido una serie de terremotos, los más importantes en 1837, 1910 y 1930, a consecuencia de lo cual el terreno cercano al macizo andino habría descendido varios metros. Como resultado de ello las aguas invadieron los terrenos antes ocupados por densos bosques, como hoy lo testimonian infinidad de troncos muertos.

Acercarse al glaciar es una tarea difícil. Para ello es necesario sortear infinidad de témpanos que ocultan bajo el agua su inmenso tamaño. Al acercarse a la gran pared de hielo, el escenario se vuelve cada vez más sobrecogedor. Cuando se desprende un trozo de hielo del glaciar se produce un ruido estremecedor y también es un espectáculo impresionante el surgimiento de enormes masas de hielo provenientes de la base del glaciar, gigantescos bloques que alcanzan el tamaño de un edificio.

Luego de desprenderse, los hielos quedan flotando libremente en la laguna San Rafael y adoptan formas increíblemente bellas, cual imponentes esculturas de cristal. El volumen que ocupa el hielo bajo el agua, es casi nueve veces mayor que el hielo sobre la superficie y por ello los témpanos constituyen una de las mayores amenazas para los barcos, que deben buscar cautelosamente el correcto track de navegación.


*Texto basado en el capítulo El Enigma de San Rafael, de La Tierra en que Vivimos, de Sergio Nuño.

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